¿Cómo aprenden los niños en la terapia de juego?
- lbediaabella
- 28 abr
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Todos los padres queremos que nuestros hijos aprendan. Desde los primeros meses de vida los miramos a los ojos, nos acercamos y pronunciamos despacito palabras sencillas como “mamá” y “papá”, con la esperanza de que pronto puedan repetirlas. Luego les enseñamos nombres de objetos, colores, figuras geométricas y cuando llega el momento nos apresuramos a buscar las mejores escuelas y los mejores maestros, para que “no se queden atrás”.
Cuando un padre trae a su hijo a mi cuarto de terapia de juego, también lo hace porque cree que necesita aprender algo: cómo portarse bien en la casa, cómo manejar sus emociones, cómo llevarse mejor con sus hermanos, etc. Y no está lejos de la realidad. Las habilidades sociales se aprenden y las psicólogas y consejeras infantiles nos especializamos en el área de las emociones y las relaciones interpersonales. Lo difícil de entender es cómo las enseñamos sin lápiz y papel, sin sentarlos en una silla, darles una clase o hacerles preguntas.
Entonces, ¿qué usamos las psicólogas o consejeras y cómo aprenden los niños en la terapia de juego?
El cuarto de juego donde generalmente tienen lugar las sesiones de terapia está equipado con juguetes que los niños usan para comunicarse, de manera similar a la que los adultos se comunican con las palabras. Cada juguete es seleccionado con mucho cuidado y con un propósito muy especial. Algunos permiten recrear situaciones de la vida diaria, otros expresar y liberar emociones fuertes y otros, ser creativos.
De manera general, los juguetes y la manera en que los niños juegan con ellos nos permiten conocer mejor a cada niño y las necesidades que traen al cuarto de juego. Mientras los niños juegan y expresan sus conflictos y necesidades, se van liberando, así como los adultos nos liberamos de un peso grande cuando le contamos nuestros problemas a un amigo y este nos escucha y nos entiende.
El juego permite crear distancia emocional y hacer que lo que al principio ocasiona sentimientos y reacciones fuertes, poco a poco se sienta con menos intensidad. Con el apoyo del terapeuta de juego y en un ambiente seguro que permite tomar riesgos, los niños pueden probar diferentes soluciones sin temor al fracaso. El cuarto de juego se convierte en un lugar de práctica hasta que esas soluciones se perfeccionan y en algún momento el niño se sienta seguro para usarlas fuera de él, en la casa, en la escuela o en el parque, sin necesitar a la consejera a su lado.
El rol del terapeuta de juego es ayudarle al niño a procesar y manejar experiencias difíciles de varias maneras: ayudándole a identificar y manejar sus emociones, a descubrir y desarrollar sus fortalezas, a desarrollar habilidades sociales, mientras apoya a la familia para que esta a su vez pueda respaldar al niño fuera del cuarto de juego.
Aunque explicada de esta manera parece sencilla y da la impresión de que ocurre de manera lineal, la terapia de juego es un proceso que toma tiempo. A veces los niños trabajan con un problema y al terminar con este, se enfocan en uno nuevo. La meta es que, al finalizar el proceso de terapia, los niños sean más fuertes, más resilientes, se sientan más seguros, sean más independientes y en general estén más preparados para la vida.
Lillian Matutes
21 de abril, 2026



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