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Motivación y autoestima. Cómo enseñar a nuestros hijos a brillar con luz propia.



¿Sabías que los niños con autoestima saludable no son aquellos a los cuales sus padres les dicen constantemente frases como “buen trabajo”, “me encanta” o “lo hiciste muy bien”? Al contrario, cuando repites frases como estas estás contribuyendo a desarrollar la motivación externa en tu hijo. La motivación externa, también conocida como motivación extrínseca, es aquella que se basa en los valores y en la opinión de otros. De manera que mientras más lo alabes, más necesitará este tipo de reafirmación y cada vez que termine un trabajo va a hacer todo lo posible (y lo imposible) por ganar tu aprobación y la de los demás.


Las personas que tienen una autoestima saludable son aquellas que han sido capaces de desarrollar una motivación interna o intrínseca y hacen las cosas por satisfacción propia y no para agradar o complacer a quienes les rodean.


¿Qué puedes hacer para desarrollar la motivación interna de tu hijo? Puedes comenzar con un pequeño cambio. Cuando notes que ha hecho algo de lo que pueda estar orgulloso, motívalo en vez de elogiarlo.


La diferencia entre elogiar y motivar es que el elogio es general, está basado en tus opiniones, gustos y valores y se enfoca en el producto final. Por ejemplo, cuando un niño termina de recoger su cuarto y le decimos: “lo hiciste muy bien”, lo estamos elogiando. Desde nuestro punto de vista, su trabajo fue bueno, pero no sabemos si él está conforme con el resultado. Además, pasamos por alto el tiempo y el esfuerzo que puso en su trabajo y el niño o adolescente puede quedar preguntándose qué fue específicamente lo que consideramos que hizo bien.


Por otro lado, cuando motivamos somo específicos, nos enfocamos en el proceso en vez del resultado y tenemos en cuenta los gustos, valores y opiniones de la persona a la que estamos motivando. En el ejemplo anterior, un padre podría motivar a su hijo diciéndole: “fue difícil recoger tu cuarto, pero tú lo lograste”, “pasaste mucho tiempo trabajando y ahora tienes un espacio limpio y organizado”, “tú te esforzaste tendiendo tu cama, recogiendo los zapatos y poniendo cada cosa en su lugar. Ahora puedes disfrutar de tener un cuarto como a ti te gusta”


De la misma manera puedes responder cuando se aparece con un dibujo en sus manos y te pregunta si te gustó. Aunque la reacción natural de cada papá o mamá es decirles que sí, que nos encantó, esa pregunta surge de la necesidad de recibir aprobación. Quieren agradarnos porque nos aman y eso es perfectamente normal. Como adultos, podemos darles esa validación de varias maneras. Decirles que sí, que nos gustó, es una de ellas. El problema es que les enseñamos a depender de nuestra opinión y a largo plazo regresarán una y otra vez para saber si creemos que lo hicieron bien. En otras palabras, sólo se sentirán satisfechos con el producto de su trabajo si reciben nuestra aprobación.


¿Qué tal si en lugar de eso comienzas a enseñarles que lo más importante no es lo que tú piensas sino lo que ellos creen, no lo que a ti te gusta sino lo que les gusta a ellos? Respuestas cómo “parece que te gustó pasar tiempo creando”, “tú disfrutaste mucho escoger tus propios colores y dibujar lo que se te ocurrió”, “has sido muy creativo, mira todo lo que has hecho solito”, les transmiten el mensaje de que lo que importa no es tu opinión sino la suya.


Fíjate cómo estas respuestas describen y refuerzan el proceso creativo, la independencia, la emoción que el niño siente al haber logrado hacer algo con su propio esfuerzo. Es mucho más que quedarnos atrapados en el resultado final. Les estamos motivando a seguir creando, a creer en sí mismos y a desarrollar sus talentos, sin necesidad de la validación de un adulto.


Lo más importante es que a largo plazo su autoestima se fortalecerá y en el futuro no necesitarán la aprobación de sus amigos cuando tomen una decisión o una frase de elogio del jefe cuando entreguen un proyecto. Simplemente confiarán en sí mismo y en lo que pueden lograr, les guste o no a los demás.


¿Te imaginas a ese adolescente que sabe lo que está bien y se atreve a hacerlo, aunque sea diferente a sus amigos, que no cede a la presión del grupo y sabe dar la espalda y alejarse o pedir ayuda?


Recuerda, cada interacción que tienes con tu hijo cuenta. Haz de cada una de ellas una oportunidad para realzar su valor.


¿Quieres aprender otras maneras de fortalecer la autoestima de tu hijo? En el curso Entrenamiento de Relación Entre Padres e Hijos (CPR-Training por sus siglas en inglés) aprendemos a formar niños con una autoestima fuerte y saludable basándonos en los principios de la terapia de juego centrada en el niño. 


También puedes aprender sobre tema en el curso virtual grabado Formando Niños y Adolescentes con Autoestima Saludable.


Lillian Matutes

29 de abril, 2026

 
 
 

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