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Tarea sin lágrimas y cómo lograrlo


-Recuerda que tenemos que hacer la tarea.

 

- No, hoy no hay tarea.

 

- Sí, hoy es lunes, hoy hay tarea.

 

-Pero tengo hambre

(le preparas una merienda).

 

-Quiero agua (se la das).

 

-Apúrate, que hay que hacer la tarea (se botó el agua y hay que limpiarla).

 

-Ven, siéntate aquí para empezar la tarea (sale corriendo).

 

Al fin logras que se siente, pero empieza a jugar con el lápiz y sigue jugando por los próximos 2-3 minutos.

 

Miras el reloj y ya has perdido 20 minutos sin lograr que empiece.

 

Te empiezas a frustrar, mientras ves que el lápiz va a dar al suelo y se le rompe la punta. Vas a sacarle punta y, cuando regresas, ya se te fue y está mirando el televisor.

 

Con el esfuerzo que lleva, lo traes otra vez a la mesa y, finalmente, escribe la primera palabra, ahora 30 minutos más tarde.

 

Si no has perdido la paciencia, sabes que estás a punto de perderla y los gritos que vienen después te harán sentir como la peor madre o el peor padre del mundo.

 

Al fin llevará la tarea, pero sabes que mañana se repetirá la misma historia y, en medio de la frustración y la impotencia, te preguntas si habrá alguna manera de lograr que esta labor sea menos intensa.

 

Si te identificas con esta descripción, quizás te ayude saber que no estás solo. La hora de la tarea es agotadora en muchas familias y por eso me gustaría invitarte a que consideres las estrategias que te propongo a continuación y que estoy segura que te ayudarán a vencerla sin la necesidad de sentirte derrotada.


 

1.- Crea un horario visual

 

Crear un horario con fotos o dibujos y colocarlo en un lugar donde el niño pueda ver las actividades del día, le ayudará a prepararse para este momento y a sentirse en control de lo que está a punto de suceder. De esta manera es menos probable que se oponga a ellas. Además, a medida que realiza estas actividades diariamente, se convertirá en parte de su rutina.

 

Invita a tu hijo a crear ese horario contigo. Él puede ayudar a hacer los dibujos o a encontrar ilustraciones de revistas que representen cada actividad. De manera que este no será un horario impuesto -aunque, definitivamente, el adulto es quien decide y guía en este proceso- sino el resultado de su propia labor.

 

La ventaja de realizar actividades de manera consistente es que el niño comienza a crear hábitos. Estoy segura de que has escuchado hablar de los hábitos de estudio.

 

Estudiar con regularidad es una habilidad que le servirá a nuestro hijo para el resto de la vida escolar y cuyos frutos recogerá, especialmente a medida que se adentre en niveles superiores de enseñanza, como el preuniversitario y la universidad.


 

2.- Escoge un lugar libre de distracciones

 

Ser estratégico a la hora de escoger el lugar de la tarea puede ahorrarnos muchísimo tiempo y malestar. Si es posible, escoge un lugar donde haya poco ruido y movimiento de personas. El televisor, las conversaciones de otros miembros de la familia y el sonido de los juguetes de los hermanitos que corren y juegan alrededor del niño que trata de concentrarse en su trabajo, causan distracción y hacen que se alargue el tiempo planeado para esta actividad.

 


3.- Prepara los materiales de antemano

 

Así el niño no tendrá necesidad de pararse y distraerse y hará mejor uso del tiempo de estudio. Mantener los materiales organizados cerca del lugar que escojas para la tarea, dará una sensación de control y calma que influirá de manera positiva en su estado emocional. La falta de organización, por el contrario, le transmitirá una sensación de caos y falta de control.

 


4.- Mantente cerca del niño

 

La proximidad física es una estregia sumamente útil, especialmente para un niño pequeño o que se distrae fácilmente. Si estás cerca de él, podrás notar cualquier señal de distracción y ayudarlo a enfocarse otra vez en la actividad. Una palabra, un toquecito en el hombro o repetir la última frase que leyó puede ser todo lo que necesite para reorientar su atención.

 


5.- Refuerza sus logros, aunque sean pequeños

 

Sentirnos capaces de hacer algo nos motiva a seguirlo haciendo y a hacerlo aún mejor. La constancia y la dedicación traen consigo resultados que pueden resultar imperceptibles. Cuando notes un  indicio de progreso, por pequeño que parezca, compártelo con tu hijo y evita la tentación de esperar a que obtenga resultados perfectos para estimularlo.

 

Lejos de centrarte en el producto final, elogia su dedicación, esfuerzo y constancia. En definitiva, el objetivo no es satisfacerte a ti o a su maestra, sino en que el niño encuentre placer en el aprendizaje.

 

Por último, cabe decir que esto no se logra de un día para otro. Crear nuevos hábitos requiere esfuerzo, tanto por parte del niño como del resto de la familia, pero los resultados les brindarán satisfacción tanto a unos como a otros.



Lillian Matutes, LPC, RPT

16 de enero, 2024

 

 

 

 


 


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