Autoestima y terapia de juego.
- lbediaabella
- 30 abr
- 4 Min. de lectura

A diferencia de otros seres vivos, los seres humanos tenemos la capacidad de reflexionar sobre nuestras acciones, pensamientos y sentimientos y por eso tenemos autoestima. La autoestima no es más que cómo nos sentimos con nosotros mismos, basados en el conocimiento que tenemos de nuestras fortalezas y debilidades. Ese conocimiento, conocido en psicología como autoconocimiento, nos lleva a formar una imagen o concepto único y particular sobre quiénes somos y qué somos capaces de lograr (autoconcepto). Qué pensamos sobre nosotros y qué tanto nos valoramos influye en las decisiones que tomamos, de ahí la importancia de tener una autoestima adecuada.
¿Cómo se forma la autoestima?
La autoestima se forma en la relación e interacción con otras personas en la intersección de los grupos de los cuales formamos parte: familia, escuela, trabajo, amigos, etc. Cuando pensamos en lo que somos o no somos capaces de hacer, es inevitable tener como marco de referencia a los demás.
A medida que crecemos tenemos la oportunidad de relacionarnos con varias personas y participar en un sinnúmero actividades. Las actividades en las que nos involucramos y las personas con quienes convivimos cambian a lo largo de la vida, pero cada una de ellas contribuye a dejar una huella en nuestra experiencia personal. Las opiniones directas de familiares, amigos y conocidos y la manera en que nos tratan y se conducen a nuestro alrededor también nos brindan información sobre cómo nos perciben los demás.
De la misma manera, las experiencias de la vida diaria, incluyendo éxitos y fracasos, juegan un papel fundamental en el descubrimiento de quiénes somos.
Otros factores que influyen en la formación de una autoestima saludable son la capacidad de revolver problemas de manera independiente, de formar parte de grupos y ser amados y aceptados por los demás, de tener relaciones interpersonales satisfactorias y sentirnos útiles.
¿Cómo ayuda la terapia de juego a tener una autoestima adecuada?
La relación entre el niño o adolescente y la psicóloga o consejera infantil entrenada en terapia de juego debe ser una relación de aceptación incondicional, que le permita a los niños sentirse lo suficientemente seguros como para ser ellos mismos sin temor a ser juzgados.
En ese ambiente seguro y estructurado que brinda cuarto de juego, los niños tienen la libertad de expresar temores, conflictos y preocupaciones y enfrentarse a ellos de la mano de un adulto capacitado para ayudarle a encontrar soluciones a sus problemas.
La terapeuta de juego no sólo acepta, también le da a conocer al niño que entienda sus sentimientos, que estos tienen valor y son normales dadas las circunstancias que enfrenta. De esta manera les ayuda a integrar experiencias que pudieran parecerle extrañas y hacerles sentir diferente a otros niños de su edad, causando una sensación aislamiento y soledad.
Otra manera en la que los psicólogos entrenados en terapia de juego ayudamos a los niños y adolescentes a creer en sí mismos y en sus capacidades es animándoles a ser independientes. Cuando un niño pide ayuda en el cuarto de juego, los terapeutas de juego evitamos hacer lo que ellos puedan hacer solos y los animamos a buscar soluciones y a completar tareas independientemente o les brindamos solamente la ayuda necesaria. Resolver problemas de manera independiente les permite practicar y perfeccionar habilidades, desarrollando confianza en sus capacidades.
Como decíamos anteriormente, otro factor que contribuye a que nos sintamos bien con nosotros mismos es pertenecer a un grupo, tener amigos y sentir que somos valorados y aceptados por ellos. En las sesiones de terapia de juego, los niños practican y perfeccionan habilidades sociales que les permiten relacionarse mejor con sus amigos. Mientras aprenden a expresar y manejar sus emociones sin comprometer las relaciones interpersonales, se van creando las condiciones para ser aceptados por el grupo de niños o adolescentes de su edad.
Por último, la necesidad de resolver problemas de forma independiente en un ambiente que conduce y motiva a tomar riesgos facilita la creatividad. El cuarto de juego está equipado de una variedad de materiales que permiten la expresión creativa, tales como pintura, arena, lápices y papeles de colores, platos de papel, limpiapipas, pegamento, cinta adhesiva y otros. Lejos de guiar a los niños en cómo expresarse y qué materiales usar, las psicólogas o consejeras infantiles les animamos a que sean ellos quienes decidan.
Como hemos visto, los beneficios de la terapia de juego no se limitan a la solución de problemas transitorios por los cuales los niños generalmente llegan a la consulta. Las destrezas adquiridas durante el proceso de terapia de juego contribuyen a definir quiénes son y a forjar su identidad y fortalecer su autoestima.
Lillian Matutes
30 de abril, 2026
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