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Mitos del duelo infantil

Una de las preocupaciones de las familias donde hay niños, cuando muere un ser querido, es cómo ayudar a los mismos a enfrentarse al dolor de la pérdida. La mayoría de las personas

tiende a guiarse por mitos o creencias que, por generalizadas, creemos que son ciertas, pero en realidad van en contra de lo que los especialistas en el tema recomiendan.


En este artículo me gustaría presentar algunos de estos mitos y descubrir qué podemos hacer

realmente para ayudarles.

Mito #1. Los niños no se percatan de lo que está pasando y, por lo tanto, es mejor no decirles nada.


Los niños generalmente se percatan de los cambios importantes que tienen lugar en su medio, sobre todo cuando esos cambios les afectan a ellos directamente.


Aunque no tengan una imagen clara de lo que sucede, usan las claves de su entorno -lo que ven y escuchan- para crear una historia en su mente que contiene tanto elementos reales como ficticios. 


Por eso es importante explicarles lo que pasa de una manera directa, clara y sencilla. Esto no

quiere decir que el niño esté listo para recibir toda la información que el adulto conoce.

Debemos revelar tanto como el niño sea capaz de entender, darles la oportunidad de hacer

preguntas y asegurarles que, a medida que surjan nuevas preguntas, pueden acercase a

nosotros para aclarar sus dudas.


Aun los más pequeños sienten la ausencia y reaccionan a la misma con cambios de conducta. Es

imprescindible que los adultos que les rodean sean sensibles a estos cambios y, en lugar de

regañarlos, les brinden una dosis extra de amor.


Mito #2 No se debe hablar de la persona que murió delante del niño para no recordársela y

causarle dolor.


En realidad, los niños recuerdan y extrañan a la persona amada y les gusta saber que también

otros le recuerdan. Aún más, una de las preocupaciones comunes que tienen los niños es

olvidar al ser querido, con quien no tendrán la oportunidad de construir nuevas memorias. 

Darles la oportunidad de hablar de esa persona les ayuda a procesar el dolor y a mantener la

conexión emocional con quien ya no está presente físicamente. 


Mantener un álbum de fotos, mencionarles en nuestras conversaciones y continuar o

implementar nuevas tradiciones familiares que nos recuerden al ser querido, son algunas de las

maneras en que podemos mantener viva su memoria.


Mito #3. Los niños no nos deben ver llorar.


La tristeza es uno de los sentimientos más comunes que acompañan al duelo y es un reto

enorme para los adultos reprimir completamente delante de los niños las emociones que, con

tanta intensidad, se viven en este proceso. 


Debemos recordar que un niño nunca debe ser la persona a quien el adulto escoja para

procesar su duelo. Para esto existen otros adultos: amigos, consejeros, etc. Ellos no tienen la

madurez emocional para hacerlo y, por lo tanto, no se les debe asignar un papel que no les

corresponde. 


Sin embargo, tampoco se recomienda reprimir completamente lo que sentimos delante de

ellos. Cuando lo expresamos de manera saludable, nombramos las emociones y les

explicamos por qué nos sentimos así, les damos permiso también a ellos para aceptar y

expresar lo que sienten.


Mito #4. La tristeza debe durar semanas, meses o como máximo, un año; después de eso, ya

no es normal.


El duelo es tan individual como lo es cada ser humano y cada cual lo experimenta de una

manera diferente. Es un proceso largo que a veces dura el resto de la vida. Solo pensemos por

cuánto tiempo el ser querido formó parte de la vida del niño. En la mayoría de las ocasiones, ha

estado presente desde que abrió sus ojos al mundo.


Además, a medida que los niños transitan por las diferentes etapas del desarrollo y se modifica

su percepción del mundo, también cambia la forma en que experimentan el duelo. Surgen

nuevas preguntas y sienten la ausencia en eventos importantes de la vida en los que esa

persona hubiera participado. 


Un niño o un adolescente que atraviesa por el dolor de haber perdido a quien ama, necesita

apoyo y comprensión de aquellos en quienes confía. Si estás dispuesto a hacer la diferencia en

su vida, debes aceptar sus sentimientos, modelar maneras saludables de expresar los mismos y

darles oportunidades para hablar sobre sus preocupaciones y sobre su ser querido.


Lillian Matutes, LPC, RPT

8 de junio, 2023

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